La General Electric BC-375
Cuando a partir del año 1943, las escuadrillas de bombarderos diurnos americanos se prepararon para asolar el suelo de Alemania, adjudicaron esta misión a un tipo en concreto de avión, el B-17 Flying Fortress. Un cuatrimotor pesado, de largo radio de acción, que podía descargar hasta 8.000 kg. de bombas sobre el enemigo.
Sin embargo, las grandes distancias que tenían que recorrer desde su bases en Inglaterra lo hacían especialmente vulnerable frente a la aviación de caza contraria, especialmente al no disponer los aliados en esta época de ningún interceptor capaz de acompañarlos en sus incursiones. Pese a las 13 ametralladoras de 12,7 mm que el B-17 llegó a equipar, las pérdidas eran elevadas, y los tácticos de la fuerza aérea consideraban fundamental que los bombarderos que componían una formación pudieran coordinar sus maniobras para protegerse mutuamente ante ataques imprevistos. Por este motivo, los ingenieros pusieron especial énfasis en equiparlos con los sistemas de comunicación más robustos y fiables que la técnica de entonces podía proporcionar. Y este equipo estaba basado en el transmisor de media potencia BC-375.
Bombarcero B-17 Flying Fortress en vuelo sobre Alemania
Una vez acabado el conflicto, muchos excedentes de guerra fueron a parar a otros países. España compró un cierto número de BC's con que equipar a sus bombarderos bimotores Heinkel 111, dándose la paradoja que la emisora construida por la General Electric para el ejército americano, acabó sus días en el interior de aviones de origen alemán, que tanto habían ayudado a combatir.
El receptor BC-358, tambien diseñado por General Electric para acoplarse a la instalación de la BC-375
Aún recuerdo como llegó aquella 375 a mis manos. Correría el año 1971, yo tenía 17 años y me apasionaba la electrónica. En aquellos tiempos solíamos desguazar todo receptor de radio doméstico que caía en nuestras manos, y con aquellos viejos componentes: válvulas, choques bobinados y transformadores de FI, nuestra mayor obsesión era construir equipos emisores de aspecto "más profesional" que pudieran transportar el "...¿me oyes...? cambio y corto..." algo más lejos que a tres o cuatro calles de donde yo habitaba.
El autor, a los 17 años, manejando un emisor-receptor autoconstruido
La BC-375, con sus casi 24 kg. de peso fue comprada en Madrid por un amigo en un almacén llamado Imqui, hoy desaparecido, donde vendían casi a peso algunos excedentes dados de baja en el Ejército y la Marina. Recuerdo también que dicho amigo, estudiante de control aéreo, aprovechaba que el cargo por este medio le salía gratis para traerse muchos kilos de material, los cuales, una vez en casa, solía repartir entre los conocidos por el mismo precio de la compra.
La emisora me costó 1.500 pesetas de entonces, que si bien valían bastante más que los equivalentes y escuálidos 9 euros de ahora, tampoco era una cantidad que rompiera el espinazo de ninguna economía. En aquella ocasión, además de dicha emisora le compré un vetusto receptor Marconi inglés, de chasis al aire y escucha a través de auriculares, que nunca conseguí hacer funcionar de manera satisfactoria.
La BC, en cambio presentaba un aspecto robusto. Era un bloque metálico de color negro, de unas medidas aproximadas de 60 x 60 cm. de frontal, por 25 cm de fondo. Los mandos de control y sintonía estaban distribuidos en la parte inferior, donde también encajaba la "Unidad de Sintonía del Trasmisor", compuesta por módulos intercambiables que permitían trabajar desde los 200 Khz. hasta los 12,5 Mhz, en 9 bandas, entregando después del paso amplificador una potencia que según el módulo utilizado variaba entre los 40 y los 76 vatios en antena.
La emisora General Electric BC-375, con la tapa de las lámparas abierta y la unidad intercambiable de Sintonía del Trasmisor a punto de extraer
Aparte de ello, hay que decir que esta emisora tenía una hermana casi gemela y de construcción anterior en el tiempo. Se trataba de la BC-191, utilizada principalmente en equipos de tierra, como blindados o estaciones móviles de comunicaciones. La única diferencia entre ambas era la disposición en paralelo de los filamentos de las lámparas principales, de manera que la tensión necesaria para el caldeo bajaba de 24 a 12 volts, más fácilmente disponibles en vehículos menores.
Esquema de BC-191, versión a 12 volts de la 375, y del receptor BC-348 (Haga "click" sobre la imagen para ampliar)
Los controles de antena estaban dispuestos en la columna lateral derecha, y entre otras cosas comprendía un conmutador de configuración de salida, un condensador de sintonía, una inductancia fija y otra variable, siendo especialmente importante esta última, ya que mediante una manivela y un preciso mecanismo interior a base de cursores y cojinetes, permitía acoplar la impedancia de salida a casi cualquier improvisado conductor metálico que actuase de antena. En el B-17 se utilizaban dos tipos. Una antena fija, sujeta con mástiles entre la cabina de mando y la cola, y otra extensible formada por un hilo de longitud variable según la frecuencia a trasmitir y que podía desplegarse con un tambor manual al estar el avión en vuelo. El extremo del hilo se estabilizaba frente a los vaivenes que le producían las corrientes de aire mediante una bola de plomo de tamaño considerable, que naturalmente era necesario recoger antes de aterrizar.
El sistema de antena de la BC era bastante versátil, y respondía a la necesidad de acoplar las impedancias entre el circuito de salida y lo que se dispusiera como sistema radiante, mucho más teniendo en cuenta la amplísima gama de frecuencias en que la emisora podía operar.
Esquema de instalación de las BC- 191/375, con su receptor correspondiente y los accesorios de control de alimentación
Un elemento curioso del sistema de antena era un amperímetro a termopar situado en serie con la salida, que ofrecía una indicación fiable de la potencia de radiofrecuencia que se estaba radiando y que permitía por tanto ajustar todos los mandos de sintonía en su punto de máximo rendimiento.
En cuanto a la modulación, un conmutador permitía utilizar la fonía en modulación de amplitud (AM), y la telegrafía CW, bien fuera en onda continua tradicional (el sistema que tenía más alcance), o la modulada con un tono de audio para que pudiera ser escuchada en receptores que no dispusieran de oscilador de batido.
El módulo oscilador intercambiable estaba fijado en el mueble principal por cuatro pestillos y podía extraerse fácilmente tirando de las asas frontales, para cambiarlo por otro distinto y hacer que la BC pasase de trabajar de una a otra banda en un instante.
Detalle del interior del módulo oscilador. Obsérvese la robustez de construcción
El sistema de alimentación externo que la BC necesitaba era tal vez lo más evidente de este " pequeño monstruo". El emisor consumía la friolera de 7 amperios a 24 volts en corriente continua para los filamentos de lámparas y 350 mA. a 1.000 volts para las placas y el resto de circuitería. Un rápido cálculo nos da la cifra de 518 watios de consumo total en emisión, lo que considerando su potencia máxima de salida arrojaba un rendimiento que a duras apenas alcanzaba el 15%.
En el B-17, la alimentación de filamentos era suministrada por la instalación de baterías del propio avión, y la alta tensión era generada "in situ" por un dinamotor alimentado también a 24 volts.
El dinamotor original, que yo no tenía, era un pesado y ruidoso sistema electromecánico formado por un motor de corriente continua de 24 volts, que disponía sobre el mismo inducido una dinamo que generaba directamente los 1.000 volts, y cuyo rizado era eliminado por un choque de baja frecuencia y condensadores electrolíticos contenidos en el mismo módulo.
Dinamotor de alimentación 244 Vcc - 1000 Vcc 350 mA.
En mi caso, conseguí dos baterías de coche con su cargador para alimentar los filamentos, y en el apartado de alta tensión tuve que conformarme con un viejo trasformador de 600 volts que había pertenecido a un repetidor de televisión de VHF desguazado. La salida era rectificada por una ........ , entregándome casi 800 volts en vacío, que bajaban a 500 muy justos al consumir potencia del secundario.
Y ahora llegamos a las culpables de tal despilfarro energético. En la parte frontal superior de la BC había una tapa metálica fácilmente removible mediante cuatro pestillos. Al abrirla se podían ver las 5 únicas válvulas de este equipo: una VT-25 de tamaño medio y tipo antiguo, y cuatro impresionantes VT-4, unos triodos de caldeo directo de 19 cm. de longitud y 6 cm. de diámetro.
La BC-375 funcionando (obsérvese el evidente caldeo de la lámpara)
La parte moduladora de baja frecuencia estaba formada por la VT-25 actuando como preamplificadora de la señal de micrófono y también como osciladora de audio para la trasmisión de Morse con tono modulado, y dos VT-4 conectadas en contrafase al transformador de modulación. Otra VT-4 era la osciladora de radiofrecuencia, unida a través de los conectores de presión al módulo oscilador extraíble inferior. Mientras que la cuarta válvula de este tipo era la amplificadora de RF de salida.
El caso, es que mi BC-375 no funcionaba. La válvula preamplificadora no parecía encenderse y tampoco salía rastro de radiofrecuencia del conector de antena. Al desmontar el equipo pude comprobar la robusta construcción mecánica, como los condensadores atornillados al chasis interno, o todas las piezas sobredimensionadas para la función que debían cumplir. Esto es normal en equipos militares de esta época, y mucho más si estaban destinados a entornos con grandes vibraciones, debiendo además soportar fuertes golpes y aceleraciones sin que se produjeran roturas.
El problema con el caldeo de la VT-25 lo encontré en una resistencia bobinada variable que disminuía la tensión de alimentación para su filamento. El componente tenía espiras cortadas, pero tuve la suerte de hallar uno casi igual que pude acoplar sin más problemas.
Resistencia variable bobinada, similar a la que estaba quemada
La salida de radiofrecuencia fue más complicado, y encontré el fallo en el relé principal de función emisión-recepción. Al parecer, la bobina del solenoide de había cortado justo en el punto de la soldadura con el contacto de salida. Lo desmonté, quité una espira y lo volví a soldar.
Como micrófono utilicé uno de carbón, de tipo telefónico, y la antena era un largo hilo que subía desde mi habitación por el patio de luces, hasta llegar al tejado, a un aislador de cerámica sujeto al soporte de madera donde mi madre tendía la ropa.
En las pruebas posteriores y teniendo en cuenta que la tensión de alimentación era sólo de la mitad que la necesaria, la emisora funcionó bastante bien, en frecuencias de unos 6 Mhz. conseguí contactos a más de 100 kilómetros. El único problema era que las baterías de filamentos se me venían abajo en poco tiempo, y que el viejo transformador de alimentación comenzó a fallar de manera intermitente, con el típico ruido de cigarra que indica espiras en corto circuito.
En cualquier caso, el manejar aquella emisora era toda una experiencia. Las cuatro válvulas de potencia se calentaban tanto, que en verano debía trabajar siempre con la tapa frontal descubierta. Pero eso sí, entonces tenías la ventaja de que no necesitar luz adicional en la habitación, ya que los filamentos de las VT-4 emitían suficiente brillo como para leer sobre la mesa.
El conmutador de emisión-recepción hacía bastante ruido al activarse, hasta el punto que el clack-clack seco y metálico que se producía al apretar el pulsador de emisión impedía prácticamente que pudiera utilizarla en el silencio de la noche. Esto era especialmente grave al emitir en CW, ya que la cadencia se convertía en un repicar de picapedreros que despertaba incluso a los vecinos más sordos.
Recuerdo además que dos años después, mientras estaba haciendo la mili en un destacamento de Ingenieros, descubrí que en la sección de Radio tenían instalada una BC-191 con el equipo completo de dinamotor escondido en un cajón insonorizado junto a seis grandes baterías de camión. Dicha emisora la utilizaban cada día para pasar los partes de la Guardia Civil hasta la isla vecina. Hablé entonces con el brigada encargado y tras cambiar la disposición de filamentos de mi 375 para que fuera igual que la 191, la llevé al cuartel y la conectaron en la Sala de Radio. Mi artefacto funcionó a la primera y los operadores la utilizaron sin problemas durante un par de semanas para su tráfico habitual.
Al cabo de un tiempo la vendí, y ahora me tiraría de los pelos (si a mis 53 años me quedaran muchos que agarrar). El radioaficionado que la compró ya disponía de transceptores transistorizados de última generación, y su único interés fue cortar el chasis con una sierra para aprovechar la excelente inductancia variable de acoplo de antena. Yo me quedé con tres de las lámparas, que guardo en un cajón y miro de vez en cuando. ¿...Os imagináis que pudiéramos escuchar todas las palabras que pasaron a su través mientras compartieron la suerte del B-17 sobre Alemania...?
La lámpara VT-25 preamplificadora de audio y dos triodos VT-4 de potencia. Los únicos restos que me quedan de la emisora General Electric BC-375












