A veces, para alguna aplicación particular, necesitamos una alfombra sensible. Como por ejemplo para el disparo de una alarma, para la apertura para una puerta de accionamiento eléctrico o como, en mi caso, para disparar una escalera mecánica.

    Algunos pensarán que esto no es ningún invento, ya que muchas escaleras mecánicas funcionan así, pero en este caso, y no daré más detalles del asunto, surgieron tantos impedimentos por parte del servicio técnico que vi muy claro que, o conectábamos la alfombra nosotros, o la escalera seguiría quedándose en marcha para siempre durante todo el horario laboral.

    Buscamos este tipo de alfombras en comercios y en Internet, pero todo lo que encontramos era carísimo, superando los 1.500 € para unas medidas que ni siquiera cubrían todo el ancho del paso. Entonces, como las dificultades son a veces la mejor espoleta de la imaginación, hice lo siguiente:

    1) Tomé medidas de la base de aluminio de la escalera y en una ferretería compré un trozo de plancha de caucho del tipo "rayado", de 3 mm. de grosor, como las que cubren las rampas de los supermercados para evitar caídas, con un acabado muy similar a las alfombras sensibles comerciales.

    2) Como indica el diagrama 1, en la parte lisa que normalmente descansa sobre el suelo, pegué tiras paralelas de cinta de aluminio adesiva, del tipo que se usa para unir los conductos de aire acondicionado.

    3) De acuerdo al diagrama 2 , pelé un hilo de cobre flexible de 1,5 mm. en la longitud suficiente para rodear todo el perímetro, uniéndolo al punto inicial y doblando los extremos de las diras de aluminio para que envolvieran el cobre, asegurando de esta manera el contacto perfecto de todas ellas. Del trozo de cobre sin pelar, corté la longitud de 1 m, que actuaría como contacto "activo" de la alfombra.

    4) Compré un rollo de cinta adesiva de Armaflex, de 5 cm. de ancho por 3 mm. de grosor, utilizada también en climatización para aislar térmicamente tubos y válvulas, y pegué una tira en todo el perímetro de la alfombra, tapando el cuadrado de cobre (diagrama 3).

    5) Con unas tijeras, corté un par de cientos de rectángulos transversales de la misma cinta de Armaflex, y de 1 cm. de anchura, y los pegué sobre las superficie de aluminio, dejando 1cm. de distancia entre ellos (diagrama 3).

    Si la alfombra debe colocarse sobre una superficie metálica, como en nuestro caso, ésta representará el contacto de masa, y ya está acabada. En caso de que no ser así, deberemos proveer una plancha metálica inferior, que puede ser por ejemplo de galvanizado de 1/2 mm. o incluso construir una contra-alfombra igual que la anterior, con el hilo perimetral de cobre pero sin el Armaflex, que pegaremos a aquella con cola de contacto.

    El funcionamiento es tan simple que casi no necesita explicación. El Armaflex, que es una espuma de célula cerrada que se recupera muy bien, mantiene las dos superficies conductoras separadas por su grosor de 3 mm. En el momento que una persona pisa la alfombra, los tacos de espuma ceden y se establece el contacto en cualquiera de las zonas donde el aluminio está a la vista. Comprobé que con la huella de un pié no fallaba nunca, y bastaba una presión puntual de unos 2 kg. para cerrar el circuito.

    Una vez probada la alfombra, la enmarqué con perfíl de aluminio anodizado del mismo tipo utilizado para sujetar los principios y finales de alfombras y moquetas.

La alfombra vista por su cara inferior y la misma una vez instalada

    Construir esta alfombra sensible casera costó solamente 52 € en materiales, y lleva ya cuatro años instalada sobre el rellano inferior de la escalera mecánica, controlándola perfectamente a través de una estación domótica que incluso podemos monitorizar de forma remota. Calculo que pasarán sobre ella entre 300 y 500 personas diariamente y, hasta ahora, sigue funcionando como el primer día sin haberse estropeado ni una sola vez.



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